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LOS CONCURSOS DE ROSCADEROS, EN SU MEJOR MOMENTO

  • Foto del escritor: A.S.A.
    A.S.A.
  • hace 3 horas
  • 3 min de lectura

Fotografía: BEA HUFRA


Si hay una modalidad del festejo popular que atraviesa uno de los mejores momentos de su historia, esa es, sin duda, la de los concursos de roscaderos.


En lo que llevamos de temporada, hasta la fecha, un total de 26 cuadrillas han participado en los nueve concursos celebrados. Una cifra que hace apenas unos años parecía impensable y que demuestra el excelente estado de salud de esta modalidad, especialmente en la provincia de Zaragoza y parte de Teruel.


El relevo generacional está más que asegurado. Los jóvenes llegan con fuerza, ilusión y muchas ganas de hacerse un nombre, mientras que las cuadrillas más veteranas siguen demostrando su experiencia y su enorme compromiso con el roscadero. Basta con presenciar cualquiera de los últimos concursos para comprobar el nivel de entrega de los participantes: nadie quiere quedar eliminado, nadie suelta el roscadero y todos aguantan hasta el límite, incluso cuando la vaca ya los ha descubierto y tienen el peligro encima.


Esa valentía y esa pasión son la mejor prueba de que el roscadero está más vivo que nunca.


Hace apenas cinco años era habitual que los organizadores tuvieran dificultades para reunir las diez o doce cuadrillas que solían conformar un concurso. Hoy la situación es completamente distinta. Sin embargo, resulta difícil entender que, precisamente ahora que existe un mayor número de cuadrillas disponibles, sigan organizándose concursos con únicamente ocho cuadrillas participantes, mientras el precio de la entrada continúa siendo el mismo que cuando competían diez o doce.


La pregunta es inevitable: ¿por qué no establecer un mínimo de cuadrillas participantes en todos los concursos? Y, si por cualquier circunstancia no se alcanza esa cifra, ¿por qué no ajustar el precio de la entrada al número real de participantes?


Es evidente que para el empresario organizar un concurso con dos cuadrillas menos supone un importante ahorro económico, manteniendo prácticamente asegurada la asistencia de público. La rentabilidad aumenta, pero quienes realmente salen perjudicados son los aficionados, que disfrutan de un espectáculo más corto, y las propias cuadrillas, que ven reducidas sus oportunidades de participar.


Quizá haya llegado el momento de que empresarios y roscaderistas se sienten a hablar y alcancen unos acuerdos mínimos que beneficien a todas las partes.


Otro aspecto que merece una profunda reflexión es el de la seguridad.


Cada vez son más las cuadrillas que valoran quién estará al frente de la dirección de lidia y qué medios sanitarios habrá disponibles durante el festejo. En este tipo de concursos son habituales los golpes, los cortes, los pisotones e, incluso, desgraciadamente, las cornadas. Contar con un director de lidia experimentado, dos ambulancias completamente equipadas y dos equipos médicos preparados no debería considerarse un lujo, sino una garantía para todos.


La presencia de dos ambulancias permitiría, además, que el espectáculo pudiera continuar si una de ellas tuviera que trasladar a un herido. Actualmente, cuando el único vehículo sanitario abandona la plaza, el concurso queda detenido, perjudicando tanto al público como al desarrollo del festejo.


Los espectadores pagan una entrada para disfrutar del concurso completo y los participantes merecen la tranquilidad de saber que, si sufren cualquier percance, recibirán la mejor atención posible en el menor tiempo.


Algo similar ocurre con la figura del director de lidia. Todos conocemos nombres que transmiten confianza a las cuadrillas, personas con experiencia, capacidad de reacción y criterio suficiente para intervenir cuando la situación lo requiere. Su presencia aporta seguridad a los participantes y también tranquilidad al público.


Los concursos de roscaderos viven un momento extraordinario. Nunca había existido un circuito con tantas cuadrillas, tanto nivel y tanta afición. Precisamente por eso, ahora es cuando más hay que cuidar esta modalidad.


Este crecimiento debe servir para seguir dando pasos hacia adelante. Consolidar unos criterios mínimos en la organización de los concursos, garantizar las mejores condiciones de seguridad para los participantes y ofrecer al aficionado un espectáculo de la máxima calidad son objetivos que benefician a todos: empresarios, cuadrillas y público.


El roscadero ha demostrado que tiene presente y, sobre todo, mucho futuro. Ahora toca seguir construyendo entre todos para que esta modalidad continúe creciendo sin perder su esencia y siga siendo una de las grandes referencias del festejo popular aragonés. Porque cuidar el roscadero hoy es asegurar que las próximas generaciones puedan seguir disfrutando de una tradición tan nuestra como apasionante.

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